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En la Oncoguía del manejo de dolor en cáncer 2023 presentamos la epidemiología del dolor oncológico, sus manifestaciones clínicas y la metodología para su abordaje diagnóstico. Hemos tomado en cuenta la realización de estudios de extensión (cuando así sea necesario) para poder diseñar un esquema terapéutico individualizado, además de las diferentes esferas del paciente (orgánica, comorbilidades, creencias y expectativas) con la finalidad de implementar medidas farmacológicas y no farmacológicas. Igualmente, incorporamos otras áreas de la salud que pueden optimizar el tratamiento del dolor en este grupo de pacientes.
In Oncoguía del manejo del dolor en cáncer 2023, we present the cancer pain epidemiology, its clinical presentations, and the methodology for its diagnostic approach. We have considered the extension studies (when necessary) to design an individualized therapeutic scheme, besides the different patient domains (organic, comorbidities, beliefs, and expectations) to implement pharmacological and non-pharmacological measures. Likewise, we added other health areas that may optimize the treatment for pain in this group of patients.
Estas guías son sugerencias y recomendaciones para el manejo de pacientes en condiciones ideales. Su objetivo es proporcionar al lector una guía rápida y bien estructurada acerca del manejo del dolor oncológico, con base en la evidencia científica publicada a nivel mundial, en la opinión del panel de expertos que han participado en la elaboración de las mismas y en la propia experiencia del Instituto Nacional de Cancerología (INCan) en México.
Epidemiologia del dolor por cáncer
El oncólogo, el algólogo y el médico paliativista se enfrentan a diario con escenarios de dolor en el paciente con cáncer, que aunque no es el síntoma más prevalente, sin duda, es el más temido. De acuerdo con el Reporte de Cáncer Mundial publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la incidencia de cáncer en el mundo será cada vez mayor, a menos que se establezcan medidas efectivas para promover estilos de vida saludables.
En 2020, el cáncer provocó más de 90 mil muertes en México y más de 195 mil nuevos casos1, por lo que se le considera la decimosegunda causa de muerte a nivel mundial y la cuarta en nuestro país (8.3% de todas las defunciones).
La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, de la OMS, estima que para 2040, el número de casos nuevos registrados en nuestro país incrementará 65% e incluirá a más de 323 mil personas.2
Las prevalencia del dolor incrementa con la progresión de la enfermedad oncológica; mientras que la intensidad, tipo y localización varía de acuerdo con el sitio primario del tumor, extensión, progresión de la patología y tratamiento empleado.
Con base en la progresión de la tumoración, algunos estudios reportan que en una población de 772 pacientes con cáncer avanzado, el dolor se presenta en el 28, 46, 67, 75 y 79%, a los 6 meses, 3 meses, 1 mes, 1 semana y 1 día antes de la muerte de los pacientes.3
En una revisión sistemática y metanálisis realizado por Beuken-van y cols., en 2016, los rangos de prevalencia fueron:
Asimismo, se ha identificado que los pacientes con procesos hemato-oncológicos al tiempo del diagnóstico, durante el tratamiento y en los últimos meses de vida presentan alta prevalencia de dolor.
El dolor crónico también está presente en aproximadamente el 50% de los sobrevivientes de cáncer, de los cuales del 5 al 20% expresan dolor severo.5 Sin embargo, es importante mencionar que la prevalencia del dolor no se relaciona en todos los casos con enfermedad avanzada; ya que puede presentarse desde el diagnóstico de la enfermedad, durante el tratamiento y en pacientes con enfermedad metastásica o terminal. Además del dolor per se, la fatiga, el insomnio, la ansiedad y la depresión son los síntomas concomitantes más relacionados con este síntoma.6
Diferentes estudios han mostrado que del 56 a 82.3% de las personas con dolor por cáncer pueden no estar recibiendo tratamiento adecuado. Por tanto, es fundamental que los oncólogos, algólogos, paliativistas y otros especialistas evalúen de manera regular y sistemática la presencia de dolor e instituyan un tratamiento adecuado tempranamente para intentar evitar su cronificación.4
Escalera analgésica de la OMS
El dolor relacionado con el cáncer puede tener un comportamiento multimórfico, ya que su etiología, fisiopatología, temporalidad y localización pueden variar durante su curso natural. Las comorbilidades, el estado de ánimo y las estrategias de adaptación, pero también los tratamientos contra el cáncer y sus efectos adversos relacionados pueden amplificar este comportamiento dinámico.7
La evaluación y el tratamiento del dolor relacionado con el cáncer deben ser multimodales para ofrecer un enfoque centrado en el paciente. En esta estrategia personalizada se pueden utilizar varias herramientas simultáneamente para describirlo de mejor forma.
Las escalas de autoevaluación, como la escala numérica análoga o la verbal análoga y los cuestionarios multidimensionales como McGill Pain (MPQ) y Brief Pain Inventory (BPI) se pueden emplear de acuerdo con el estado cognitivo del paciente.8 Además, se debe documentar el componente neuropático, así como el efecto en la calidad de vida. El Sistema de Evaluación de Síntomas de Edmonton (ESAS), que proporciona grupos de síntomas de evaluación completos y rápidos, puede ser útil para llevar a cabo una evaluación integral de los pacientes con cáncer.
La Escalera Analgésica de la OMS fue una estrategia propuesta en 1986 para brindar un alivio adecuado del dolor a pacientes con cáncer. Formaba parte de un programa de salud denominado Programa de Cuidados Paliativos y Dolor por Cáncer de la OMS, en el que se llevaron a cabo campañas educativas, la creación de estrategias compartidas y el desarrollo de una red mundial de apoyo.
Dicha ruta analgésica fue desarrollada de acuerdo con las recomendaciones de un grupo internacional de expertos y sufrió varias modificaciones a lo largo de los años. Su eficacia es discutible y aún debe probarse mediante estudios a gran escala. No obstante, todavía proporciona un enfoque paliativo simple para reducir la morbilidad causada por dolor en 70% a 80% de los pacientes9 (Figura 1). Este modelo ayudó a legitimar el uso terapéutico de los opioides10, aunque no se adapta a algunos escenarios de dolor, como el agudo y postoperatorio.11

Como se puede observar, la escalera original, consistente en tres pasos, sugiere:
Además de estos grupos farmacológicos, en cualquiera de los peldaños de la escalera se pueden prescribir adyuvantes analgésicos (antidepresivos tricíclicos, inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina y noradrenalina, anticonvulsivantes, anestésicos tópicos u otras terapias tópicas, esteroides, bifosfonatos, etc.), que pueden ser particularmente útiles en diferentes condiciones dolorosas.9
El concepto clave de la escalera es tener un conocimiento adecuado acerca del dolor para evaluar su intensidad y prescribir el tratamiento idóneo.
Dado que con el tiempo muchos pacientes recibirán opioides es fundamental considerar el espectro riesgo-beneficio al momento de su prescripción. Además, se puede implementar la rotación de opioides para mejorar la analgesia y reducir los efectos secundarios.12 Los pacientes también deben recibir educación acerca de las indicaciones y efectos secundarios de los medicamentos para evitar el uso indebido o el abuso sin comprometer su perfil terapéutico.
En España se propuso el «ascensor analgésico» (2002), en el cual se inicia el tratamiento de forma inmediata con el medicamento propuesto en el escalón que corresponde de acuerdo con la intensidad del dolor. Por ejemplo, en el dolor crónico casi nunca se inicia con el primer escalón; según sea la intensidad del dolor (escala visual analógica [EVA] 4 a 10) se puede empezar con un opioide débil o fuerte.
A partir de 2011, la National Comprehensive Cancer Network (NCCN) simplificó aún más el modelo de tratamiento, tras proponer sólo dos pasos; es decir, en el dolor leve se utilizan analgésicos no opioides y en el moderado a intenso analgésicos opioides (Tabla 1), aunque esta modificación ha sido debatible.
| Tabla 1. Comparativo entre la escalera analgésica de la OMS y las Guías NCCN13 | |
|---|---|
| Dolor 4-10: moderado a intenso | Opioide |
| Dolor 1-3: leve | No opioide |
| La tabla es original de los autores | |
El opioide de elección depende de las características del paciente y de la intensidad del dolor que presenta. Con base en el diseño de la herramienta original de tres peldaños, y en la experiencia tanto de nuestro grupo de la Clínica del Dolor como en la de otros grupos, se ha propuesto la inclusión de un cuarto y quinto escalones en la escalera analgésica, los cuales incluyen el manejo intervencionista del dolor (Gráfica 1).14

Las características del dolor deben buscarse al realizar la historia clínica: intensidad, sitio, gravedad, irradiación, duración y factores que precipitan, exacerban o alivian el dolor.
La gravedad se puede calificar verbalmente mediante escalas análogas como la numérica o la EVA. La clasifican como dolor agudo o crónico: el inicio agudo puede indicar complicaciones repentinas (como hemorragia, fractura u obstrucción intestinal); mientras que el dolor crónico puede sugerir de efectos relacionados con el tumor en curso.
El dolor también puede clasificarse de acuerdo con su patrón de presentación en dolor de fondo (o basal) y dolor incidental. Este último se observa a menudo en el dolor óseo, donde se presenta de forma aguda con el movimiento y es de corta duración. El efecto en la calidad de vida, sus características específicas, significado, actitudes de afrontamiento y experiencias dolorosas previas son otros puntos que se deben interrogar rutinariamente.16
Siempre que sea posible, la evaluación del dolor debe basarse en la descripción del paciente. La historia debe evaluarse junto con el examen físico y la información de las investigaciones pertinentes acerca de la extensión de la enfermedad, los tratamientos y otras comorbilidades. Los factores psicológicos y culturales también deben ser considerados.
Tomar en cuenta el mecanismo subyacente al dolor puede ayudar a determinar el tratamiento analgésico que debe implementarse consensuadamente como primera línea. Aunque la investigación clínica acerca de la efectividad de un enfoque mecanicista es limitada, el uso de este marco garantiza la consideración de la patología subyacente y la etiología del dolor.17 Así pues, las posibles etiologías y los diferentes mecanismos fisiopatológicos coexistentes precisan de una evaluación minuciosa para poder elaborar un esquema de tratamiento adecuado y tener un buen control de este síntoma.18
Dentro de los puntos particulares en la evaluación del dolor se encuentra la medición de su intensidad. La escala numérica de 11 puntos (ENA) (Figura 2), que lo mide en la numeralia del 0 al 10, es la más común, así como la EVA, que divide el dolor en ausente, leve, moderado, severo e intenso. También existen herramientas multidimensionales de valoración como los ya mencionados Brief Pain Inventory (BPI) y el cuestionario de McGill.19

En el dolor oncológico, la presencia de dolor irruptivo (definido como un dolor súbito, transitorio de intensidad moderada a severa, duración menor de 30 minutos, con una frecuencia de máximo cuatro veces al día) requiere especial atención. Éste se puede medir mediante la utilización de herramientas tales como el cuestionario Alberta Breakthrough Pain Assesment Tool, que está diseñado específicamente para identificar este tipo de dolor.16,20
Por otra parte, para el dolor de origen neuropático, existen diferentes escalas, entre las que se encuentran Pain DETECT, Leeds Assessment of Neuropathic Symptoms and Signs (LANSS), Doleur Neuropathic-4 (DN-4).19,20
Los estudios de gabinete se solicitarán de manera individualizada, tomando en cuenta no sólo el cuadro doloroso del paciente, sino también su contexto, por lo que no es posible hacer recomendaciones generalizadas.20
Las terapias más recomendadas para el manejo del dolor en cáncer están dentro del alcance tanto del médico de atención primaria como del especialista. Por tanto, su tratamiento de forma idónea debe ser considerado una máxima en la atención por todas las especialidades médicas involucradas en el cuidado de esta población.
Cuando los problemas clínicos son complejos, particularmente cuando el dolor es de difícil control o se acompaña de otras comorbilidades, referir al paciente al especialista en dolor y/o en cuidados paliativos puede ser lo más apropiado.21
La Tabla 2 resume las diferentes categorías como parte del tratamiento del dolor en el paciente oncológico.
| Tabla 2. Categorías del tratamiento del dolor en el paciente oncológico | |
|---|---|
| Farmacológica |
|
| Intervencionista |
|
| Rehabilitación |
|
| Psicológica |
|
| Neuroestimulación |
|
| Integrativa (complementaria o alternativa) |
|
| Tabla modificada de Portenoy R, 2021.21 | |
El manejo del dolor en cáncer se basa en un tratamiento multidisciplinario en el que la Escalera Analgésica de la OMS forma parte del mismo. Los lineamientos generales propuestos por esta Organización para el alivio del dolor se encuentran en los Principios del Programa de Alivio del Dolor por Cáncer:
Sea un opioide o un neuromodulador para el tratamiento del dolor oncológico, los fármacos deben titularse para obtener el bienestar máximo.7 En caso de estar indicada una reducción de opioide, disminuir del 25 a 50% en 24 horas, a fin de evitar la supresión opioide o crisis de dolor. Evitar el uso de antagonistas (nalbufina y naloxona).7 Es fundamental considerar e individualizar el equilibrio entre analgesia y disminución del estado de conciencia de acuerdo con las preferencias del paciente.
Asimismo, se deben adaptar las vías de administración, conforme los factores de recomendación establecidos y la particularidad de cada paciente.
Existen principios que deben ser considerados en todos los pacientes a quienes se les pretende prescribir un analgésico opioide. Aún cuando en nuestro país el mal uso y/o abuso de este grupo farmacológico presumiblemente es menor a otros países de Norteamérica o Europa, es necesario que de forma sistemática se consideren las siguientes recomendaciones al momento de decidir implementar una terapia opioide a un paciente oncológico11:
Opioides
Estos analgésicos ejercen su efecto al unirse a los receptores opioides (mu, delta y kappa, principalmente). Todos los receptores son proteínas G, distribuidas extensamente en el sistema nervioso central (SNC) y, en menor medida, en estructuras periféricas.
Cuando un analgésico opioide se une a su receptor, se genera una hiperpolarización celular y disminución de la descarga de neurotransmisores excitatorios. Se cree que la principal acción es el estímulo de vías inhibitorias descendentes que modulan la transmisión nociceptiva de la periferia al tálamo.7
Los opioides se clasifican por su grado de acción (débil y potente) o por su mecanismo de acción (agonistas puros, parciales y antagonistas puros).
El estándar de oro con relación a los opioides en dolor por cáncer es morfina, ya que es el fármaco de referencia tanto para identificar la potencia de otros opioides en su prescripción como para su rotación.11 En la Figura 3 se presenta el algoritmo de manejo farmacológico del paciente con dolor por cáncer, que considera si se le ha prescrito o no un opioide previamente.

Los pacientes con cáncer pueden requerir cambios en la terapia opioide durante el curso de su enfermedad debido a la progresión de la patología, cambio en las características del dolor, uso prolongado de opioides, o presencia de lesión renal o hepática.
El objetivo de la rotación es obtener una cantidad de opioide equivalente a la dosis utilizada previamente.
Al calcular la dosis del nuevo opioide, se debe iniciar con la dosis mínima efectiva; el factor de conversión con metadona se aumenta al utilizar dosis mayores.22,23
Coadyuvantes
Son medicamentos cuya indicación primaria no es tratamiento del dolor, pero poseen efecto analgésico bajo ciertas circunstancias. Se pueden indicar en el dolor mixto por cáncer (somático y neuropático), dolor neuropático oncológico (incluida la neuropatía inducida por quimioterapia) y dolor óseo metastásico.23,24
Los agentes no opioides más frecuentemente utilizados son antidepresivos y anticonvulsivos, ansiolíticos, neurolépticos, esteroides y bisfosfonatos. Describiremos algunos en la Tabla 3.25
| Tabla 3. Coadyuvantes | ||||
|---|---|---|---|---|
| Clase | Fármaco | Farmacocinética | Metabolismo | Eliminación |
Antidepresivos | Amitriptilina | Se requieren de 2 a 3 semanas de tratamiento para iniciar su acción antidepresiva | Amplio metabolismo hepático por medio del citocromo P450 (CYP2D6, CYP2C9, CYP2C19 y CYP3A4) | Predominantemente renal, alrededor de 80% de forma inactiva |
Inhibidores de la recaptura | Duloxetina | Se absorbe bien por vía oral y alcanza concentraciones máximas a las 6 h. La biodisponibilidad es de 32% a 80% (media de 50%), y la distribución del 96% | Su metabolismo es dependiente de la enzima CYP1A2, CYP2D6 y, posteriormente, sometida a un metabolismo de conjugación | En pacientes con enfermedad renal en fase terminal, los valores de concentración máxima y área baja la curva son elevados. En insuficiencia hepática moderada (Child Pugh clase B), concentración plasmática 2.3 veces mayor |
Anticonvulsivantes | Gabapentina | La absorción ocurre en el intestino delgado | Su metabolismo hepático es mínimo | Se elimina vía renal, se excreta por la orina tanto por filtración glomerular como por secreción tubular activa. Su aclaramiento renal es de 125 ml / min |
Pregabalina | Su absorción es dosis dependiente. Su biodisponibilidad es de 90% e independiente de la dosis y frecuencia de administración | Metabolismo casi nulo | Excreción renal como fármaco casi intacto | |
Antagonistas | Ketamina | Su metabolismo hepático es mínimo | Se excreta renalmente Presenta cierta reabsorción tubular. Su aclaramiento renal es de 70 ml / min | |
| La tabla es original de los autores | ||||
Antidepresivos
Inhiben la recaptura de monoaminas (serotonina y noradrenalina) desde la terminal presináptica y activan los sistemas descendentes inhibitorios del dolor; también producen bloqueo de canales (colinérgicos, adrenérgicos, histaminérgicos e iónicos como el de sodio). Su efecto analgésico es independiente de sus efectos antidepresivos.25
Por años, la amitriptilina ha sido considerada uno de los tratamientos de primera línea para el dolor neuropático. Sin embargo, en una revisión de Cochrane no se encontró buena evidencia, por lo que por lo que su efecto podría estar sobrevalorado. Por tanto, los autores concluyeron que la amitriptilina debe continuar utilizándose como parte del tratamiento del dolor neuropático, pero entendiendo que en sólo una minoría de personas se logrará un control satisfactorio del dolor.26,27
Inhibidores de la recaptura de serotonina y noradrenalina
La duloxetina, inhibidor de la recaptura de serotonina (5-HT) y de noradrenalina (NA), inhibe débilmente la recaptación de dopamina.28
Los gabapentinoides actúan como inhibidor de la subunidad alfa-2-delta de los canales de calcio dependiente de voltaje, al impedir el ingreso excesivo de calcio que controla la liberación de neurotransmisores en neuronas sensoriales periféricas, y disminuir la liberación de neurotransmisores (glutamato, monoaminas, sustancia P y péptido relacionado con el gen de calcitonina) involucrados en el dolor (Tabla 4).28,29
| Tabla 4. Dosis terapéutica y contraindicaciones de los coadyuvantes en el tratamiento del DN | ||
|---|---|---|
Fármaco | Rango terapéutico Dolor crónico neuropático | Precauciones |
Amitriptilina | 25-50 mg, dosis máxima 150 mg | Enfermedad cardiaca, glaucoma |
Duloxetina | 60-120 mg | En adultos mayores, vida media 25% más prolongada Enfermedad hepática |
Gabapentina | 900 hasta 3600 mg Se recomienda administrar en un intervalo de cada 8 horas | Antiácidos con sales de aluminio o magnesio disminuyen su biodisponibilidad Dosis máximas recomendadas: CI cr 30-59 mL / min: 700 mg dos veces al día CI cr 15-29 mL / min 700 mg 1 vez al día < 15 mL / min 300 mg 1 vez al día Dosis suplementaria en hemodiálisis: 100 a 300 mg posterior a diálisis |
Pregabalina | 150 hasta 600 mg Administrada cada 8 o 12 horas | Dosis máximas recomendadas: CI cr 30-59 mL / min: 150 mg dos veces al día (BID) 100 mg tres veces al día (TID) CI cr 15-29 mL / min: 15 mg BID; 50 mg TID < 15 mL / min 75 mg 1 vez al día; algunos autores no recomiendan su uso Dosis suplementaria en hemodiálisis: 75 a 100 mg posterior a diálisis |
| DN: dolor neuropático; BID: dos veces al día; TID: tres veces al día. La tabla es original de los autores | ||
Forma parte del armamentario para tratamiento del dolor neuropático de difícil control asociado a cáncer. Sin embargo, no se cuenta con suficiente evidencia para extender una recomendación debido a que sólo se cuentan con estudios de baja calidad.30 La dosis terapéutica de ketamina intravenosa se establece en un rango de 0.25 mg/kg hasta 1 mg/kg, con un efecto hasta por tres horas.31
Además de un tratamiento farmacológico, se deberán considerar esquemas no farmacológicos que disminuyan y optimicen el control del dolor en los pacientes oncológicos (Figura 4).

Dado que el dolor es uno de los síntomas más temidos en la población oncológica, su manejo debe ser estandarizado y estratificado, tal como se muestra en la Tabla 5.
| Tabla 5. Fases de atención | |
|---|---|
| Instruya | Al paciente acerca de la importancia de seguir el plan de tratamiento del dolor; programar y mantener sus citas ambulatorias. Contactar al médico o atenderse en forma inmediata (o en urgencias) si el dolor empeora, los eventos adversos sobrepasan la ventana terapéutica o son catalogados como severos (incluida la atención fuera del horario laboral matutino para facilitar la titulación del analgésico opioide). |
| Evalúe | El manejo, almacenamiento y eliminación seguros de los analgésicos. Los objetivos de atención centrados en el paciente en el contexto actual de la enfermedad y las terapias disponibles. |
| Comunique | Durante la transición a otros sitios de atención con los especialistas en Algología (Medicina del Dolor) y los proveedores relevantes, especialmente durante la transición entre los sitios de atención (hospitalización o atención inmediata a seguimiento ambulatorio). |
| La tabla es original de los autores | |
Dentro de las intervenciones terapéuticas existen lineamientos generales que son tipificados como las «5 A» (por su nomenclatura en inglés) de los objetivos esperados (Tabla 6). La re-evaluación del paciente con dolor deberá fijarse en un calendario para asegurarse de que la terapia analgésica brinde un máximo beneficio con un perfil mínimo de eventos adversos y que el tratamiento indicado es el que está siguiendo el paciente.
| Tabla 6. Las «5 A» de los objetivos en el tratamiento del dolor | |
|---|---|
| 1. | Analgesia (optimizar analgesia) |
| 2. | Actividades (optimizar las actividades de la vida diaria) |
| 3. | Eventos Adversos (minimizar los eventos adversos) |
| 4. | Consumo de drogas Aberrantes (evitar el consumo de drogas aberrantes) |
| 5. | Afecto (considerar relación del dolor y estado de ánimo) |
| • | La prevención de los efectos secundarios asociados a los analgésicos, especialmente el estreñimiento, es de suma importancia |
| • | Para el dolor agudo, severo o crisis de dolor, considere la atención hospitalaria o su admisión de ser necesario |
| • | Trate el dolor oncológico persistente con un esquema analgésico con dosis horaria o y / o de acción prolongada. Para el dolor irruptivo indique dosis de rescate con analgésicos opioides de acción corta |
| La tabla es original de los autores | |
Cuando el paciente requiera atención por una crisis de dolor, se deben aplicar las recomendaciones descritas en la Tabla 5. En caso de una crisis de dolor, puede seguir las recomendaciones que se encuentran en la Figura 5.

El dolor es uno de los síntomas más comunes y complejos en el cáncer porque tiene diferentes etiologías y mecanismos fisiopatológicos. Es crucial realizar una evaluación adecuada para conocer las características del dolor y otras comorbilidades acompañantes del paciente, lo cual nos permitirá realizar un abordaje terapéutico adecuado.
Dentro de los tratamientos analgésicos existen diferentes posibilidades terapéuticas que incluyen fármacos, procedimientos intervencionistas y tratamientos no farmacológicos (manejo psicológico y rehabilitación física).Debe equilibrarse el acceso a los opioides y vigilar su adecuada administración. Asimismo, debe garantizarse la disponibilidad del medicamento a la par de herramientas para restringir su mala utilización.
Es menester recalcar que el tratamiento farmacológico es de gran beneficio en el manejo del dolor y del control analgésico. Además, el tratamiento no farmacológico es una condición necesaria e indispensable como coadyuvante en el manejo multimodal del dolor.
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