| ** | Latin American Journal of Clinical Sciences and Medical Technology is an open access magazine. To read all published articles and materials you just need to register Registration is free of charge. Register now If you already have registered please Log In | ** |
La incidencia del cáncer de tiroides ha aumentado en los últimos años, por lo que dicha neoplasia se coloca entre las diez más frecuentes. Afortunadamente, la mortalidad es baja y en la mayoría de los casos los pacientes tienen buen pronóstico. Más del 90% de ellos tiene carcinoma bien diferenciado de tiroides. Los avances en la tecnología y acceso a estudios de imagen han hecho más frecuente el diagnóstico de nódulos tiroideos, por lo que es importante conocer su abordaje para evitar un diagnóstico falso del cáncer de tiroides. Existen diferentes opciones de tratamiento para los pacientes con cáncer de tiroides, pero el mejor abordaje terapéutico siempre debe ser establecido por un equipo multidisciplinario. La cirugía es el estándar de tratamiento y la única opción terapéutica con objetivo curativo. El yodo radioactivo y la radioterapia están indicados en el tratamiento post-operatorio de pacientes con factores de riesgo. Mientras la enfermedad sea yodo-sensible, el yodo radioactivo es el pilar de tratamiento; siempre se debe valorar la posibilidad de cirugía y/o radioterapia de rescate. La definición de enfermedad yodo-refractaria se modifica continuamente; sin embargo, cuando el equipo multidisciplinario considere que ya no hay beneficio al aplicar yodo radiactivo, será fundamental identificar el momento oportuno para iniciar tratamiento sistémico con inhibidores de tirosina cinasa. La elección de tratamiento sistémico y su secuencia deben ser individualizados de acuerdo con cada caso, también se deben tomar en consideración las características clínico-patológicas de cada paciente, el perfil de toxicidad y sus expectativas.
The incidence of thyroid cancer has been increasing in recent years, ranking it among the ten most frequent neoplasms. Fortunately, mortality is low, and patients have a good prognosis in most cases. More than 90% of them are well-differentiated thyroid carcinoma. Advances in technology and access to imaging studies have made the diagnosis of thyroid nodules more frequent; thus, it is essential to know how to approach them to avoid overdiagnosis of thyroid cancer. There are different treatment options for patients with thyroid cancer, but a multidisciplinary team should always establish the best therapeutic approach. Surgery is the standard of treatment and the only therapeutic option with a curative objective. Radioactive iodine and radiotherapy are indicated in the postoperative treatment of patients with risk factors. As long as the disease is iodine-sensitive, radioactive iodine is the mainstay of therapy, always considering the possibility of surgery and/or salvage radiotherapy. The definition of iodine-refractory disease is continually being modified; however, when the multidisciplinary team believes that there is no longer any benefit from further application of radioactive iodine, it will be essential to identify the opportune moment to start systemic treatment with tyrosine kinase inhibitors. The choice of systemic treatment and its sequence must be individualized for each case, considering the clinicopathological characteristics of each case, the toxicity profile, and the patient's expectations.
El cáncer de tiroides representa la novena causa de cáncer en el mundo y la quinta en mujeres.1,2 En los Estados Unidos de América, la incidencia anual se triplicó desde 1975 hasta 2009. Afortunadamente, la mayor parte de estas neoplasias tiene un comportamiento indolente y la mortalidad secundaria es baja (tasa de mortalidad ajustada a la edad de 0.42 por cada 100,000 habitantes).3 En México, el cáncer de tiroides representa la tercera neoplasia más frecuente en incidencia en la población general y en las mujeres de edad adulta.4
El 95% de los carcinomas de la tiroides se clasifica como carcinoma diferenciado, que incluye al carcinoma papilar y al carcinoma folicular. La mayor parte de estas neoplasias es susceptible de tratamiento curativo con cirugía, radioterapia y yodo radioactivo.5 Sin embargo, 10% de éstas progresará a enfermedad refractaria al tratamiento con yodo; de modo que la única opción de tratamiento para la enfermedad rápidamente progresiva y sintomática e irresecable es la terapia dirigida.6,7 Hasta 3% de los pacientes cursa con carcinoma medular de tiroides y al menos 25% de ellos tiene patrón hereditario asociado con mutaciones germinales en el gen RET; mientras que hasta 65% de los casos esporádicos estará asociado con mutaciones somáticas del mismo gen.
Como en el caso de los carcinomas diferenciados, la supervivencia a 10 años de estos pacientes es considerable (90%), pero quienes tienen enfermedad localmente avanzada o metastásica tienen una supervivencia de 40% a 10 años.8,9 Hasta 15% de los pacientes desarrollará enfermedad metastásica. Las terapias dirigidas han demostrado prolongar la supervivencia libre de progresión (SLP) en esta etapa de la enfermedad.8,9
Finalmente, los carcinomas anaplásicos de tiroides representan menos del 1% de los casos, pero se caracterizan por una enfermedad rápidamente progresiva y de pésimo pronóstico, con mortalidad alta a corto plazo. En consecuencia, las estrategias de tratamiento son limitadas; no obstante, en últimos años, los pacientes con mutación de BRAF son tratados con la combinación dabrafenib y trametinib porque dichos fármacos han mostrado resultados prometedores.10
A continuación se presentan las guías de tratamiento para cáncer bien diferenciado y para carcinoma medular de tiroides. Se trata de sugerencias y recomendaciones para el manejo de pacientes en condiciones ideales; no constituyen razonamientos costo-eficientes, ni determinantes para compra de medicamentos. Su objetivo es proporcionar una guía básica, basada tanto en la experiencia de la institución como en la evidencia de mayor peso publicada recientemente para que los médicos tratantes dispongan de tal información en beneficio de los pacientes.
Cualquier paciente con un nódulo o tumor tiroideo requiere anamnesis y exploración física completas. A este respecto, es menester recordar que por cada lesión maligna hay 10 a 20 lesiones benignas, por lo que es fundamental hacer un cuidadoso diagnóstico diferencial. El estudio inicial de elección es la ultrasonografía (USG) del cuello y biopsias por aspiración con aguja fina (BAAF) de las lesiones sospechosas. La USG aislada tiene limitado valor predictivo, pero asociada con biopsias guiadas puede establecer un diagnóstico preciso en la mayor parte de las lesiones. A mayor número de signos ultrasonográficos sugestivos, mayor riesgo de malignidad (Tabla 1).11
| Tabla 1. Sistema TI - RADS (ACR)12 | |||||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Composición | Ecogenicidad | Bordes | Margen | Focos ecogénicos | |||||
| Seleccione 1 | Seleccione 1 | Seleccione 1 | Seleccione 1 | Seleccione los que apliquen | |||||
| Quístico o casi completamente quístico | 0 | Anecoicos | 0 | Más ancho que alto | 0 | Suaves | 0 | Ninguno o artefactos en cola de cometa | 0 |
| Espongiforme | 0 | Hiperecoicos o isoecoico | 1 | Más alto que ancho | 3 | Mal definidos | 0 | Macrocalcificaciones | 1 |
| Mixto quístico y sólido | 1 | Hipoecoico | 2 | Lobulados o irregulares | 2 | Borde calcificado | 2 | ||
| Sólido o casi completamente sólido | 2 | Muy hipoecoico | 3 | Extensión extratiroidea | 3 | Focos ecogénicos puntiformes | 3 | ||
| Sume los puntos de cada columna para determinar el grado TI - RADS | |||||||||
| 0 puntos | 2 puntos | 3 puntos | 4-6 puntos | > 7 puntos | |||||
| TR1 Benigno | TR2 No sospechoso | TR3 Escasamente sospechoso | TR4 Moderadamente sospechoso | TR5 Muy sospechoso | |||||
| No BAAF | No BAAF | > 1.5 cm seguimiento > 2.5 cm BAAF | > 1.0 cm seguimiento > 1.5 cm BAAF | > 0.5 cm seguimiento > 1.0 cm BAAF | |||||
| BAAF: biopsia por aspiración con aguja fina. | |||||||||
Como podemos observar, el sistema TI-RADS (American College of Radiologist) usa los siguientes parámetros: composición, ecogenicidad, forma, márgenes y focos ecogénicos.
A dichos signos se les asigna una puntuación: a mayor puntuación, mayor riesgo de malignidad, por lo que incrementa la fuerza de recomendación de practicar BAAF.12
La BAAF guiada por USG tiene sensibilidad, especificidad y valor predictivo positivo (VPP) que superan 90%, pero varían según la prevalencia de malignidad. Minimiza los errores de muestreo y sirve para documentar confiablemente el estado ganglionar. El estudio citológico de la BAAF se reporta con el Sistema Bethesda, que tiene gran valor predictivo, pero su precisión diagnóstica disminuye ante carcinoma medular de tiroides (CMT) (Tabla 2).12,13
| Tabla 2. Sistema Bethesda para el reporte de las citologías tiroideas13 | ||||
|---|---|---|---|---|
| Categoría diagnóstica | Riesgo de malignidad si NTFNP ≠ CA (%) | Riesgo de malignidad si NTFNP = CA (%) | Protocolo usual | |
| I | No diagnóstica o insatisfactoria | 5-10 | 5-10 | Repetir la BAAF con guía USG |
| II | Benigna | 0-3 | 0-3 | Seguimiento clínico y por USG |
| III | Atipia de significado incierto o lesión folicular de significado indeterminado | 6-18 | 10-30 | Repetir la BAAF |
| IV | Neoplasia folicular o sospechoso de neoplasia folicular | 10-40 | 25-40 | Lobectomía y testeo molecular |
| V | Sospechoso de neoplasia | 45-60 | 50-75 | Lobectomía o tiroidectomía total |
| VI | Maligno | 94-96 | 97-99 | Tiroidectomía total |
| NTFNP: neoplasia tiroidea folicular no invasiva con características nucleares de tipo papilar; CA: carcinoma; BAAF: biopsia por aspiración con aguja fina; USG: ultrasonografía | ||||
Un diagnóstico benigno (II) (p. ej. nódulo coloide o tiroiditis en general) indica observar al paciente; mientras que sospechoso (V) o carcinoma (VI) indica cirugía. Una muestra insatisfactoria (I) o atipia de significado incierto (III) indican repetir la BAAF guiada con USG. No es aceptable someter a cirugía sin BAAF, ya que dispara los costos e incrementa la morbilidad en forma injustificada.
En diagnóstico de neoplasia folicular (IV) (15 a 30% de los casos) se indica lobectomía, estudios moleculares u observación expectante. Si el estudio histopatológico definitivo demuestra malignidad, se completa la cirugía si está indicado, ya que el estudio transoperatorio (ETO) suele ser inútil; pero la decisión de practicar una tiroidectomía en un solo tiempo se puede guiar con indicadores clínicos; si el paciente es hombre, mayor de 40 años, el tumor mayor o igual a 4 cm o existe antecedente de radiación, el riesgo de malignidad alcanza 40%, por ello se considera tiroidectomía total inicial, lo que minimizaría las reintervenciones.14
La decisión de someter a cirugía a un paciente también debe considerar las características de la USG y las clínicas. Las pruebas moleculares son Afirma gene expression classifier, que tiene un valor predictivo negativo (VPN) de 95% y VPP de 40% y ThyroSeq v3, con VPN: 98% y VPP de 68%; debido al elevado VPN evitarían hasta 60% de lobectomías innecesarias. Desafortunadamente, no están disponibles y no han sido validadas en nuestro medio.
En concreto, no hay evidencia, hoy en día, de que la evaluación del panel de oncogenes pueda ser útil para cambiar los planes quirúrgicos en pacientes con nódulos tiroideos Bethesda III y IV.
La BAAF puede diagnosticar 60% de los carcinomas anaplásicos de tiroides (CAT), pero la biopsia con aguja gruesa (BAG) suele aportar material suficiente para estudios moleculares que pueden guiar el tratamiento.
Se practica laringoscopia a todos los pacientes con alta sospecha de malignidad, en especial si existe disfonía o la USG sugiere extensión extratiroidea (EET), ya que la disfonía puede estar ausente, aún con parálisis cordal. Esta información facilita la toma de decisiones respecto a conservar o no un nervio laríngeo recurrente comprometido durante la cirugía. Las decisiones se toman luego de observar ambos nervios recurrentes y conocer su estado funcional.
Las pruebas de función tiroidea (PFT) y calcitonina sérica se indican en nódulos sospechosos, especialmente si existe antecedente familiar de CMT. La calcitonina elevada (>100 pg/mL) es sensible y específica de CMT, incluso más que la BAAF. Su uso sistemático se asocia con diagnóstico temprano, cirugías completas y mayor supervivencia (SV).15
Una radiografía de tórax tiene sensibilidad limitada para M+, pero alto VPP, además complementa la evaluación cardiovascular.
La tomografía computarizada (TC) del cuello y tórax se indican ante lesiones grandes (> 3 cm), que se introducen al estrecho superior del tórax, con cN+ voluminosas (> 3 cm), o cuando se sospecha invasión local por manifestaciones clínicas o USG. Si estos estudios sugieren invasión traqueal o esofágica, se requiere endoscopia.
El PET-CT (positron emission tomography/computarized tomography, tomografía por emisión de positrones /tomografía computarizada) es útil en carcinomas poco diferenciados y anaplásicos, y también descarta M+. Ello es importante porque las M+ pueden cambiar radicalmente el plan de tratamiento. Asimismo, se usa para ganar información pronóstica en carcinomas diferenciados que se han tornado refractarios al tratamiento con yodo radiactivo.
Si se ha diagnosticado CMT por citología o calcitonina elevada y la TC tiene valor superior a 500 pg/mL, el riesgo de metástasis distantes crece y por ello se indica TAC de cuello y tórax, TAC trifásica o resonancia magnética (RM) de hígado y gammagrafía ósea; sin embargo, no se recomienda PET-TC con 18 fluorodesoxiglucosa (18 FDG) debido a su bajo rendimiento por sensibilidad limitada.16
El carcinoma bien diferenciado de tiroides tiene buen pronóstico y supervivencia a 10 años arriba del 90%. Los pacientes con enfermedad localizada, mujeres y menores de 55 años tienen mejor pronóstico.17
Un equipo multidisciplinario, conformado por endocrinólogos, medicina nuclear, cirujanos oncólogos, radioncólogos, oncólogos médicos, patólogos, etc. debe determinar el tratamiento, cuyos pilares, independientemente del estadio al diagnóstico, son la cirugía, el yodo radioactivo y la radioterapia.18 La Figura 1 muestra el algoritmo de tratamiento del cáncer bien diferenciado de tiroides.

En todos los estadios de la enfermedad deberá evaluarse la posibilidad de tiroidectomía porque, además de ser la mejor opción con objetivo curativo en enfermedad localizada en pacientes con enfermedad metastásica, brinda control local para evitar complicaciones como obstrucción de la vía aérea.19 Podrá considerarse hacer hemitiroidectomía o lobectomía tiroidea en pacientes muy seleccionados, principalmente los de bajo riesgo de recurrencia.
En caso de que el manejo inicial fuera una lobectomía tiroidea, se debe completar la tiroidectomía total en casos de invasión linfovascular, metástasis ganglionares, tumores mayores de 4 cm, márgenes positivos o infiltración extratiroidea, enfermedad multifocal mayor a 1cm o si tiene una histología agresiva (p. ej., carcinoma de células altas, insular, de células columnares, carcinoma de células de Hurthle, cáncer de tiroides folicular).20
Después del manejo quirúrgico deberá valorarse el uso de yodo radioactivo acorde con el riesgo de recurrencia establecido por la Asociación Americana de Tiroides (ATA, American Thyroid Association).21
El manejo con yodo radioactivo post-tiroidectomía se resume en la Figura 2. También es importante mantener la supresión de hormona estimulante de tiroides con tratamiento sustitutivo.22

En la enfermedad recurrente o metastásica siempre debe valorarse la posibilidad de manejo quirúrgico de rescate o radioterapia antes de usar yodo radioactivo en la enfermedad sensible. El comité multidisciplinario deberá determinar la secuencia de tratamiento de cirugía, yodo radioactivo, radioterapia e individualizarlos en cada caso.
Mientras la enfermedad se mantenga sensible a yodo radioactivo, ése será el pilar del tratamiento. De modo que será necesario atender a la definición de enfermedad yodo refractaria. En otras palabras, a pacientes cuya enfermedad ya no responde a la aplicación de yodo radioactivo, ya sea por la presencia de lesiones que no captan en el rastreo, progresión en menos de 16 meses de la última aplicación, dosis acumulada de 600 mci de yodo radiactivo o la captación a 18 flurodesoxiglucosa en estudio de PET-CT. El equipo multidisciplinario será el encargado de determinar yodo-refractariedad.23,24
Afortunadamente, sólo alrededor de 10% de los pacientes con carcinoma bien diferenciado de tiroides desarrolla enfermedad yodo refractaria y requiere tratamiento sistémico25, que se basa en inhibidores de tirosina cinasa. La decisión de inicio de dicho tratamiento dependerá de la presencia de enfermedad sintomática, carga tumoral, metástasis pulmonares mayores a 1 cm y velocidad de avance de la enfermedad.26
Los inhibidores de tirosina cinasa aprobados, con base en ensayos clínicos fase III, para el tratamiento de primera línea del carcinoma bien diferenciado de tiroides son sorafenib y lenvatinib. En el estudio DECISION, sorafenib demostró beneficio en SLP, comparado contra placebo. Mientras tanto, el estudio SELECT demostró el beneficio de lenvatinib vs. placebo en la SLP. La principal diferencia entre estas dos opciones de tratamiento son las tasas de respuesta objetiva que fueron de 65% con lenvatinib y 12.2% con sorafenib. En consecuencia, se prefiere lenvatinib, en casos que requieran disminución del volumen tumoral.27,28
En segunda línea de tratamiento contamos con resultados del estudio COSMIC 311 (fase III), que demostró el beneficio de cabozantinib vs. placebo en la SLP.29 También es válido el uso de sorafenib o lenvatinib ante progresión a primera línea con la respectiva contraparte de tratamiento con inhibidor de tirosina cinasa en primera línea.
Dado que no contamos con evidencia para la mejor secuenciación de tratamiento en pacientes con carcinoma bien diferenciado de tiroides, la decisión dependerá de las características clínico-patológicas de cada caso. Es importante recordar que en los estudios pivotales de los diferentes inhibidores de tirosina cinasa no hay beneficio en la supervivencia global (SG) de los pacientes; de ahí la importancia de individualizar cada caso.
Adicionalmente, el equipo multidisciplinario siempre debe revalorar de forma regular cada caso, ya que la cirugía, la radioterapia y otras opciones terapéuticas (o de apoyo terapéutico) pueden ser útiles en el tratamiento paliativo de los pacientes, incluso en la enfermedad metastásica yodo refractaria.
El CMT es menos frecuente y se asocia con síndromes hereditarios como las neoplasias endocrinas múltiples (NEM).30 Dentro del manejo multidisciplinario, el asesoramiento genético es fundamental para identificar los casos familiares y hereditarios.
Al igual que en otros tipos de cáncer de tiroides, independientemente del estadio al diagnóstico, deberá valorarse la resección del tumor primario. La cirugía en etapas localizadas es la única opción de tratamiento con potencial curativo. La radioterapia es de utilidad en la adyuvancia o en tumores irresecables. A la recurrencia es fundamental valorar la posibilidad de cirugía o radioterapia de rescate en la enfermedad localizada u oligometastásica.31 En la Figura 3 se muestra el algoritmo de tratamiento del carcinoma medular de tiroides.

Aproximadamente 20% de los pacientes desarrollará enfermedad metastásica y requerirá tratamiento sistémico.32 La base de dicha terapia son los inhibidores de tirosina cinasa vandetanib y cabozantinib, que cuentan con evidencia de beneficio en SLP en ensayos clínicos.8,9
Vandetanib mostró incrementar la SLP vs. placebo en un estudio fase III en primera línea.8 En el estudio EXAM, fase III, cabozantinib mostró beneficio en SLP, comparado con placebo en pacientes con CMT en progresión. No hay estudios para dar recomendación de la mejor secuencia de tratamiento; sin embargo, ya que en el estudio EXAM los pacientes ya habían recibido tratamiento previo con inhibidores de tirosina cinasa, se puede justificar el uso de cabozantinib en segunda línea, mas no así de vandetanib.9
La decisión de inicio de tratamiento sistémico en pacientes con CMT dependerá de la presencia de síntomas, progresión menor a 2 años de tratamiento locorregional, duplicación de calcitonina o antígeno carcinoembrionario menor a 2 años.33
Nuevamente, es importante recordar que no se ha mostrado beneficio en SG, por lo que la decisión de tratamiento sistémico debe ser individualizada a cada caso; el principal objetivo es mantener la calidad de vida.
En pacientes con mal estado funcional (ECOG mayor a 2) no se recomienda el uso de inhibidores de tirosina cinasa, salvo que el estado funcional dependa de enfermedad neoplásica y al tratarla se espere que mejore.
Finalmente, se recomienda mantener la comunicación entre el equipo multidisciplinario para evaluar periódicamente la necesidad de cirugía y radioterapia, incluso en el escenario metastásico, ya que puede tener beneficio en el tratamiento paliativo del paciente. Asimismo, los demás integrantes del equipo multidisciplinario pueden apoyar durante las diferentes etapas de la enfermedad.18
El cáncer de tiroides es la neoplasia endocrinológica más frecuente y, en la mayoría de los casos, tiene buen pronóstico. El manejo por un equipo multidisciplinario es necesario para brindar el mejor tratamiento posible a estos pacientes. La cirugía es la base y siempre debe evaluarse la tiroidectomía, independientemente del estadio al diagnóstico.
En el carcinoma bien diferenciado de tiroides, el yodo radioactivo es fundamental en el tratamiento adyuvante y mientras la enfermedad sea yodo sensible. La radioterapia es otro pilar del tratamiento, ya sea adyuvante, paliativa o enfermedad irresecable.
En la enfermedad yodo refractaria, el tratamiento con inhibidores de tirosina cinasa ofrece beneficio en supervivencia libre de progresión. En el carcinoma medular de tiroides es importante el consejo genético. La cirugía es el estándar de tratamiento y, en la enfermedad recurrente o metastásica, los inhibidores de tirosina cinasa pueden ayudar en el control de la enfermedad. Individualizar en cada paciente la secuencia de tratamiento por el equipo multidisciplinario es fundamental para optimizar recursos y obtener los mejores resultados.
Los autores declaran que no tienen conflicto de interés.
| 1. | World Health Organization. International Agency for Research on Cancer. Cancer Today. Estimated number of cases in 2020, world, both sexes, all ages. Available from URL: https://gco.iarc.fr/today/online-analysis-table?v=2020&mode=cancer&mode_population=continents&population=900&populations=900&key=asr&sex=0&cancer=39&type=0&statistic=5&prevalence=0&population_group=0&ages_group%5B%5D=0&ages_group%5B%5D=17&group_cancer=1&include_nmsc=0&include_nmsc_other=1 |
| 2. | World Health Organization. International Agency for Research on Cancer. Cancer Today. Estimated number of new cases in 2020, worldwide, females, all ages. Available from URL: https://gco.iarc.fr/today/online-analysis-table?v=2020&mode=cancer&mode_population=continents&population=900&populations=900&key=asr&sex=2&cancer=39&type=0&statistic=5&prevalence=0&population_group=0&ages_group%5B%5D=0&ages_group%5B%5D=17&group_cancer=1&include_nmsc=0&include_nmsc_other=1 |
| 3. | Cabanillas ME, McFadden DG, Durante C. Thyroid cancer. Lancet 2016;388(10061):2783-95. |
| 4. | World Health Organization. International Agency for Research on Cancer. Cancer Today. Available from URL: https://gco.iarc.fr/today |
| 5. | Tuttle RM, Ball DW, Byrd D, Dilawari RA, Doherty GM, Duh QY, et al. Thyroid carcinoma. J Natl Comp Canc Netw. 2010;8(11):1228-74. |
| 6. | Xing M, Haugen BR, Schlumberger M. Progress in molecular-based management of differentiated thyroid cancer. Lancet. 2013; 381(9871):1058-69. |
| 7. | Haugen BR, Alexander EK, Bible KC, Doherty GM, Mandel SJ, Nikiforov YE, et al. 2015 American Thyroid Association Management Guidelines for adult patients with thyroid nodules and differentiated thyroid cancer: The American Thyroid Association Guidelines Task Force on thyroid nodules and differentiated thyroid cancer. Thyroid. 2016;26(1):1-133. |
| 8. | Wells SA Jr, Robinson BG, Gagel RF, Dralle H, Fagin JA, Santoro M, et al. Vandetanib in patients with locally advanced or metastatic medullary thyroid cancer: A randomized, double-blind phase III trial. J Clin Oncol. 2012;30(2):134-141. |
| 9. | Schlumberger M, Elisie R, Müller S, Schöffski P, Brose M, Shah M, et al. Overall survival of EXAM, a phase III trial of cabozantinib in patients with radiographically progressive medullary thyroid carcinoma. Ann Oncol. 2017;28(11):2813-19. |
| 10. | Cabanillas ME, Zafereo M, Gunn GB, Ferrarotto R. Anaplastic thyroid carcinoma: Treatment in the age of molecular targeted therapy. J Oncol Pract. 2016;12(6): 511-18. |
| 11. | Horvath E, Majlis S, Rossi R, Franco C, Niedmann JP, Castro A, et al. An ultrasonogram reporting system for thyroid nodules stratifying cancer risk for clinical management. J Clin Endocrinol Metab. 2009;94(5):1748-51. |
| 12. | Tessler FN, Middleton WD, Grant EG, Hoang JK, Berland LL, Teefey SA, et al. ACR thyroid imaging, reporting and data system (TI-RADS): White paper of the ACR TI-RADS Committee. J Am Coll Radiol. 2017; 14(5):587-95. |
| 13. | Cibas ES, Ali SZ. The 2017 Bethesda system for reporting thyroid cytopathology. Thyroid. 2017; 27(11): 1341-46. |
| 14. | Granados-García M, Cortés-Flores AO, González-Ramírez IC, Cano-Valdez AM, Flores-Hernández L, Aguilar-Ponce JL. Follicular neoplasms of the thyroid: Importance of clinical and cytological correlation. Cir Cir. 2010; 78(6):473-8 |
| 15. | Elisei R, Bottici V, Luchetti F, Di Coscio G, Romei C, Grasso L, et al. Impact of routine measurement of serum calcitonin on the diagnosis and outcome of medullary thyroid cancer: Experience in 10,864 patients with nodular thyroid disorders. J Clin Endocrinol Metab. 2004; 89(1):163-8. |
| 16. | Wells SA Jr, Asa SL, Dralle H, Elisei R, Evans DB, Gagel RF, et al. Revised American Thyroid Association guidelines for the management of medullary thyroid carcinoma. Thyroid. 2015;25(6):567-610. |
| 17. | Yan H, Winchester DJ, Prinz RA, Wang CH, Nakazato Y, Moo-Young TA, el at. Differences in the impact of age on mortality in well-differentiated thyroid cancer. Ann Surg Oncol. 2018;25(11): 3193-99. |
| 18. | Moore MD, Postma E, Gray KD, Ullmann TM, Hurley JR, Goldsmith S, et al. Less is more: The impact of multidisciplinary thyroid conference on the treatment of well-differentiated thyroid carcinoma. World J Surg. 2018; 42(2):343-49. |
| 19. | Giuffrida D, Giuffrida R, Puliafito I, Vella V, Memeo L, Puglisi C, et al. Thyroidectomy as treatment of choice for differentiated thyroid cancer. Int J Surg Oncol. 2019;2019:2715260. |
| 20. | Vargas-Pinto S, Romero Arenas MA. Lobectomy compared to total thyroidectomy for low-risk papillary thyroid cancer: A systematic review. J Surg Res. 2019;242:244-251. |
| 21. | Gulec SA, Ahuja S, Avram AM, Bernet VJ, Bourguet P, Draganescu C, et al. A joint statement from the American Thyroid Association, the European Association of Nuclear Medicine, the European Thyroid Association, the Society of Nuclear Medicine and Molecular Imaging on current diagnostic and theranostic approaches in the management of thyroid cancer. Thyroid. 2021;31(7):1009-1019. |
| 22. | Grani G, Ramundo V, Verrienti A, Sponziello M, Durante C. Thyroid hormone therapy in differentiated thyroid cancer. Endocrine. 2019;66(1):43-50. |
| 23. | Medina-Ornelas S, Granados-García M. Cáncer de tiroides, redefiniendo la radioyodo-refractariedad (RAIR). GAMO. 2021; 20(4):148-157. |
| 24. | Chan WWL, Chan S, Kwong DLW. Radioiodine refractory differentiated thyroid cancer. Methods Mol Biol. 2022;2534:243-57. |
| 25. | Pacini F, Ito Y, Luster M, Pitoia F, Robinson B, Wirth L. Radioactive iodine-refractory differentiated thyroid cancer: Unmet needs and future directions. Expert Rev Endocrinol Metab. 2012;7(5): 541-554. |
| 26. | Nervo A, Retta F, Ragni A, Piovesan A, Gallo M, Arvat E. Management of progressive radioiodine-refractory thyroid carcinoma: Current perspective. Cancer Manag Res. 2022;14:3047-62. |
| 27. | Brose MS, Nutting CM, Jarzab B, Elisei R, Siena S, Bastholt L, et al. Sorafenib in radioactive iodine-refractory, locally advanced or metastatic differentiated thyroid cancer: A randomized, double-blind, phase 3 trial. Lancet. 2014; 384(9940):319-28. |
| 28. | Schlumberger M, Tahara M, Wirth LJ, Robinson B, Brose MS, Elisei R, et al. Lenvatinib versus placebo in radioiodine-refractory thyroid cancer. N Engl J Med. 2015;372(7):621-30. |
| 29. | Brose MS, Robinson B, Sherman SI, Krajewska J, Lin CC, Vaisman F, et al. Cabozantinib for radioiodine-refractory differentiated thyroid cancer (COSMIC-311): A randomised, double-blind, placebo-controlled, phase 3 trial. Lancet Oncol. 2021;22(8):1126-38. |
| 30. | Raue F, Frank-Raue K. Epidemiology and clinical presentation of medullary thyroid carcinoma. Recent Results Cancer Res. 2015;204:61-90. |
| 31. | Kaliszewski K, Ludwig M, Ludwig B, Mikuła A, Greniuk M, Rudnicki J. Update on the diagnosis and management of medullary thyroid cancer: What has changed in recent years? Cancers (Basel). 2022;14(15):3643. |
| 32. | Machens A, Schneyer U, Holzhausen HJ, Dralle H. Prospects of remission in medullary thyroid carcinoma according to basal calcitonin level. J Clin Endocr Metab. 2005; 90(4):2029-34. |
| 33. | Siano M, Alfieri S, Granata R, Calareso G, Orlandi E, Bergamini C, et al. The dilemma of metastatic medullary thyroid carcinoma: When to start systemic treatment. Tumori. 2019;105(6):NP28-NP31. |